martes, 19 de mayo de 2015

Un Blablacar urbano para todos los días, tercer clasificado en categoría I+D+I de Impulsa.

Es un verdadero honor que el proyecto "Un Blablacar urbano para todos los días" haya quedado clasificado en tercer lugar en la categoría de I+D+I y Nuevas Tecnologías de la competición Impulsa. Enhorabuena a Podemos por la iniciativa y muchísimas gracias por el apoyo recibido durante el proceso

El respaldo recibido en las votaciones, nos ratifica en nuestra creencia de que hay una necesidad real de solucionar los problemas de movilidad urbana que sufre la gente, y de que muchas personas estarán dispuestas a conseguirlo por sí mismas, en cuanto les ofrezcamos una plataforma que facilite el uso compartido de los coches para sus trayectos cotidianos.
En este sentido hemos cumplido uno de los principales objetivos que nos proponíamos.



Creemos sinceramente que mejoraremos la calidad de vida de quienes nos rodean, gracias al aumento en la eficiencia del transporte que conseguiremos entre todos. E incluso que tendrá consecuencias que ayudarán a salir de la crisis a un país como el nuestro; tan dependiente de la importación de petróleo (un 60% del cual se gasta en transporte).

La parte tecnológica no nos preocupa, porque nuestro prototipo demuestra que el sistema funcionará. Pero sabemos que esto es una carrera de fondo, y que el verdadero reto consiste en cambiar el comportamiento de la gente:

Hay que vencer las resistencias para transformar la actual mentalidad individualista y consumista de la sociedad por un comportamiento mas cooperativo.
La primera está fuertemente arraigada como fruto de las teorías económicas neo-liberales, implantadas tras la revolución industrial, que nos dicen que tan solo somos consumidores que tienen que empeñarse hasta la camisa para comprar y mantener su propio coche, para poder desplazarse.
Pero, gracias a la revolución de Internet y las nuevas tecnologías (y también en parte a la crisis), ya está tomando fuerza una nueva economía colaborativa que empodera a la gente. Porque en realidad, no necesitas utilizar cada día tu propio coche para desplazarte en solitario, sino que te basta con una plaza libre en uno que vaya en tu misma dirección.

La gente ya no quiere adquirir la propiedad exclusiva de las cosas, sino simplemente tener acceso a usarlas cuando las necesite. La gente no quiere despilfarrar combustible, congestionar las calles  y contaminar en exceso, sino un modo más eficiente, ecológico y barato de viajar.

Y seguro que pronto se lo facilitaremos.

viernes, 24 de abril de 2015

Revolución colaborativa 4ª (Emprender en Internet para una economía colaborativa)

¿Cómo podemos lograr la revolución colaborativa? 4

Crear una startup de Internet en una economía colaborativa.

Así pues, las consecuencias de el actual modelo son el despilfarro, la sobre explotación de los recursos naturales necesarios para producir los bienes de consumo, y el agotamiento de las fuentes de energía del planeta; tan solo a cambio de concentrar la riqueza y promover desigualdad.


Frente a estos desmanes (ocasionados por una economía consumista y un régimen capitalista, que son consecuencia de la revolución industrial), en la era de Internet surge una nueva revolución: La de la red social y la economía colaborativa.

Una vez convencidos por la crisis de que no se deben atar los perros con longaniza, ahora se trata de utilizar las tecnologías de la información y las telecomunicaciones (TIC) para aprovechar mejor los medios disponibles:
Si voy a tener acceso a una taladradora cuando la necesite, no estaré obligado a comprar una para mi solo. Si podemos ponernos de acuerdo para ir varios juntos en un solo coche, todos ahorraremos gastos de viaje, consumiremos menos energía, contaminaremos menos, congestionaremos menos las carreteras, etc… Haremos un uso más eficiente de los recursos y de los productos y servicios.

Mediante la colaboración, se rompe la dinámica de "una empresa que produce frente a muchos clientes aislados", cada uno de los cuales solo puede tener el papel de consumidor.
Ahora las personas tenemos más poder: Si cada uno tenemos algo que otro necesita, y hay una red social o un “marketplace” que organiza el intercambio, entonces resulta que cualquiera puede hacer tanto el papel de productor como el de consumidor.

Pero no es tan fácil.
Tiene que seguir habiendo empresas que produzcan algunas taladradoras y algunos coches. Alguien tiene que construir las redes sociales y las plataformas que propicien el consumo colaborativo, y estas nuevas empresas digitales, ya sean startups o estén consolidadas, también tienen necesidades de inversión y de alguien que las financie.

Algunas de estas nuevas empresas se ponen muy contentas cuando consiguen levantar una ronda de financiación de varios millones de dólares que les permite crear o expandir su negocio. Pero, en casi todas las ocasiones caen en manos de inversores de capital riesgo. Estos inversores son conscientes de que la mayoría de las empresas que comienzan van a fracasar, y aun así siguen invirtiendo. ¿Por qué?
Porque cuando dan con una que tiene éxito, no se conforman con un porcentaje de interés, sino que esperan recuperar en poco tiempo 3, 5 o 20 veces lo que han invertido. ¿Quién creéis que se sentará en el consejo de administración para fijar los costes de intermediación entre los usuarios de esa plataforma de economía colaborativa y los sueldos de los empleados que la ponen en marcha?

De nuevo parecemos caer en poder de las "manos fuertes", cuando nuestro propósito era beneficiar a las otras dos fuerzas: nuestros usuarios y empleados.

Pero no caigamos en el derrotismo. Algo podemos hacer. Hay soluciones, y estas vienen de algunos productos de la propia economía colaborativa, como el crowdsourcing  (aprovechar la inteligencia de las masas) y el crowdfunding (la financiación colectiva).

Si quieres crear un proyecto de economía colaborativa, una empresa verdaderamente social, puedes:

  • seguir una metodología de “lean startup” para implementar solo las funcionalidades estrictamente requeridas por tus usuarios y mantener bajos los costes.
  • reclutar en la red a colaboradores que crean en el proyecto tanto como tú y que incluso estarían dispuestos a participar en él casi exclusivamente por el placer de hacer el bien a sus semejantes. 
  • y luego tienes que lograr convencer a tus futuros usuarios de las ventajas de tu servicio, y de que aporten entre todos el capital necesario, a base de pequeñas contribuciones individuales.



De este modo no habrá conflicto de intereses entre usuarios e inversores, porque ambos serán las mismas personas, podrás pagar sueldos dignos a tus empleados y los beneficios del consumo colaborativo revertirán sobre sus propios usuarios.

Así, podrás crear una empresa que aporte beneficios, pero no solo a los capitalistas, sino sobre todo a la sociedad.



Revolución colaborativa 3ª (La falacia de que el monopolio es malo)

¿Cómo podemos lograr la revolución colaborativa? 3

¿De verdad el monopolio es algo perverso?

En la parte 1 vimos las 3 fuerzas antagónicas de la empresacapitalista, y

Otra falacia de la que nos han convencido los argumentos capitalistas es el tópico (comúnmente admitido) de que los monopolios son malos y la competencia es buena porque hace bajar los precios.

No siempre es así.
Por ejemplo, viajando por carretera podemos observar que cada pocos kilómetros pasamos por un montecillo donde se apiñan varias torres de telefonía móvil. Suele haber por lo menos dos, y a veces hay hasta cuatro juntas. Y no se trata solo de la torre, sino que cada una de ellas tiene su propia caseta, sus propias antenas y equipos de telecomunicaciones, su aire acondicionado, su acometida eléctrica de alta tensión, su transformador, su grupo electrógeno de reserva, su valla perimetral, el camino de acceso…

El resultado de la competencia es que los usuarios de todas las compañías de telefonía móvil hemos pagado los costes de una red cuadruplicada (es como si hubiéramos construido cuatro vías de tren entre cada una de las ciudades de España); mientras que, en régimen de monopolio, se hubiera podido prestar el mismo servicio invirtiendo en una única infraestructura, y los precios de las llamadas podrían haber sido fijados a la baja por el gobierno.

Está claro que a los ciudadanos nos engañaron (en esto y en tantas otras cosas…) y que (como siempre) nosotros somos los que pagamos todo, pero ¿Quién se benefició de ello?
Por ejemplo, los fabricantes de equipos de telecomunicaciones vendieron cuatro veces más de lo necesario. ¿Cómo convencieron a nuestros representantes en el gobierno para realizar tal desaguisado?


La excusa fue que se obtendrían ingresos con las subastas de las licencias para operar en las frecuencias radioeléctricas que utilizan los móviles.
Aunque, visto lo visto en nuestra España "democrática", con la calaña de nuestros gobernantes, los maletines de dinero circulando por las sedes de los partidos políticos, los sobresueldos en B y las “puertas giratorias”, cabe sospechar que algún otro beneficio sacaría más de uno...

Es la misma táctica usada desde siempre por las multinacionales en los países bananeros: "untar" a los gobernantes, endeudar el país y cambiar petróleo por alimentos.

Revolución colaborativa 2ª (Agotamiento de recursos naturales)

¿Cómo podemos lograr la revolución colaborativa? Parte 2

Despilfarro y agotamiento de los recursos naturales

En la parte 1 vimos las tres fuerzas enfrentadas en la empresa capitalista y cómo el capital tiene las de ganar, adquiriendo cada vez más poder.

De este modo, el poder y la riqueza cada vez se concentran en mayor medida en las manos de unos pocos, a costa de empobrecer a la mayoría.
Esto es extremadamente pernicioso, porque mientras que el dinero ganado o ahorrado por muchos (empleados o clientes) revertiría en la compra de otros bienes de consumo y en la reactivación de la economía real; la especulación financiera y la acumulación del capital en unas pocas manos (una vez comprada la mansión, el yate y el avión privado) solo conduce a la evasión y a poner los excedentes a buen recaudo en algún paraíso fiscal.

El capital solo tiene un objetivo: maximizar su propio interés mediante el acaparamiento de los beneficios que genere la empresa. No le suele importar nada más, y de ahí viene otro de los inconvenientes de la economía capitalista: el agotamiento de recursos naturales.
Según la lógica del capitalismo, cuantos más productos se vendan, mayor será el beneficio. Por lo tanto tratará de producir y colocar en el mercado el mayor número que pueda de sus artículos… sin límite, hasta el infinito.

Por ejemplo, hará todo lo posible para convencernos de que cada uno de nosotros necesita tener en casa su propia taladradora, con la que hacer agujeros en la pared para colgar cuadros. Ya que la producción en cadena permite fabricar taladradoras a un precio razonable, muchos nos podemos permitir el lujo de tener una en casa (a pesar de que la mayoría de nosotros no la vaya a utilizar ni 10 minutos en toda su vida).

Así llegamos a auténticos despropósitos, como que en los Estados Unidos de Norte América haya el doble de coches que de permisos de conducir (o sea, que incluso si todos los conductores viajaran a la vez, aún sobraría la mitad de los coches).
Además, nos han convencido de que cada uno de nosotros necesita su propio coche, por lo que en la mayoría de ellos viaja solo el conductor y se desaprovechan cuatro plazas libres, en las que podría transportar a otros viajeros.

De este modo, se dispara el consumo de combustible, se producen atascos de tráfico cotidianos, problemas de aparcamiento, contaminación del aire de las ciudades y hasta el cambio climático.

Continua en la parte 3  (la falacia de que el monopolio es malo)

Revolución colaborativa 1ª parte (3 fuerzas antagónicas de la empresa capitalista)

¿Cómo podemos lograr la revolución colaborativa? Parte 1

En una empresa hay tres fuerzas en lucha permanente.

La economía capitalista y neo liberal en la que vivimos inmersos desde la revolución industrial "solo" tiene dos inconvenientes:

  • Es propensa al agotamiento de los recursos naturales y las fuentes de energía.
  • Es propicia a la acumulación de riqueza y poder en unas pocas manos.

En la empresa capitalista se enfrentan tres* intereses contrapuestos:

  1. los de los clientes,
  2. los de los empleados 
  3. y los de los inversores.
*En las empresas grandes, podríamos considerar un cuarto “stakeholder”: los directivos, que son puestos por los accionistas para que maximicen los beneficios de la empresa (aunque en realidad estos miran más bien por sus propios intereses, en forma de contratos blindados, dietas de asistencia a juntas, planes de acciones, planes de pensiones, tarjetas black, etc… pero esta es otra historia)

A los clientes les interesa que la empresa venda sus productos o servicios al menor precio posible. Pero esto va en contra del beneficio de los accionistas. Estos contratan a los ejecutivos, no para que vendan los productos a su precio de coste mas un beneficio razonable, sino para que los vendan al mayor precio que los clientes estén dispuestos a pagar. Normalmente los ejecutivos invierten dinero de la empresa en técnicas publicitarias para aumentar artificialmente el valor aparente de los productos para los consumidores. De este modo consiguen aumentar los beneficios y justificar así sus retribuciones, que en ocasiones resultan escandalosas (para alguien que no es él mismo un empresario que arriesgue su propio dinero en el negocio, sino un empleado aventajado).

Los empleados, que producen los bienes o servicios de la empresa. Esperan recibir un sueldo digno por su trabajo; pero los economistas que gobiernan la empresa contemplan esta partida como un gasto que reduce los beneficios, y harán lo posible por reducirla, ya sea mediante recortes de sueldos o condiciones laborales, subcontrataciones, deslocalizaciones, EREs, despidos, contratación de becarios o empleados a tiempo parcial, etc.

Una forma de evitar este conflicto de interesas son las cooperativas, en las que los empleados son a la vez los dueños de la empresa.



La tercera fuerza en conflicto, el capital, resulta ser la que tiene la sartén por el mango. Las empresas tienen necesidad de invertir en medios de producción e investigación para desarrollar sus productos y servicios, y normalmente recurren a la banca o a los mercados financieros. Esta capacidad de inversión masiva solo la tienen empresas financieras o aquellos afortunados que poseen mucho más de lo que necesitan para vivir; y solo la conceden a cambio de la promesa de obtener pingues beneficios, por lo que exigen regentar el poder en la empresa, nombrando los miembros del consejo de administración, que son los que fijan los precios de los productos, los sueldos de los empleados y las retribuciones de los propios accionistas.
¡Ya imagináis quien sale ganando!

Continua en la parte 2: agotamiento de recursos naturales

martes, 30 de septiembre de 2014

La historia de María Jesús. Un ejemplo de mujer luchadora e inteligente.

La historia de María Jesús. Un ejemplo de mujer luchadora e inteligente.

Maria Jesús trabaja en Madrid, pero vive en Fuenlabrada.

Para ir a trabajar, pensó (como haría cualquiera de nosotros) que sólo tenía dos alternativas:
  • Ir en transporte público; haciendo varios transbordos y empleando cada día una hora de ida y otra de vuelta;
  • O coger el coche familiar.
    Como su marido no lo usa, porque lleva 4 años en paro, María Jesús podría cogerlo y sería más rápido; pero (como buen ama de casa) echó cuentas y vio que ir en coche le costaría más de 200€ al mes, y no podía permitírselo.



Ambas alternativas tenían serios inconvenientes.
Por eso, Maria Jesús no utiliza ninguna de ellas. ¡Es una chica lista, y encontró otra salida!

Sí, amigos. Las mujeres son unos seres maravillosos, con una gran virtud: ¡Hablan y hablan a todas horas!
En serio, hacen lo que nunca hacemos los hombres (por lo menos yo, que me da corte hasta preguntar el camino cuando me pierdo). Las mujeres hablan entre ellas continuamente, se interesan por los problemas de las demás y se preguntan unas a otras ¿y tú cómo haces…?

María Jesús encontró una solución por casualidad: Charlando varias madres en el cumpleaños de un compañero del colegio de sus hijos, se dieron cuenta de que casi todas tenían el mismo problema de transporte. Además, entre ellas había cinco que trabajaban en distintas empresas, pero por la misma zona de Madrid, y con horarios similares.

Se pusieron de acuerdo inmediatamente para ir las cinco juntas, en el coche de una de ellas. Cada una de las pasajeras contribuye a los gastos de viaje pagando a la conductora 40€ al mes (menos de lo que le costaba el abono transporte) y todas ahorran tiempo y viajan en coche cómodamente.

María Jesús y sus amigas encontraron la solución porque tuvieron la suerte de conocerse y de hablar sobre su problema. Pero ¿Cuántos casos existen todavía por solucionar?

En realidad, ¿Necesitas ser amigo íntimo de alguien para compartir con él los gastos de transporte? ¿O te podría servir cualquiera que vaya en tu misma dirección?

Eso es lo que debería hacer una verdadera “Red Social” (mejorando Facebook): ser verdaderamente útil a las personas para solucionar sus problemas del día a día.

Cuando estáis parados con vuestro coche en un atasco, ¿os habéis fijado en que casi todos llevan 3 o 4 plazas libres, porque circulan solo con el conductor? ¿Hasta qué punto sería posible acoplar los 4 millones de viajeros de Madrid en el millón de coches que ya circulan cada día?


Estoy seguro de que juntos podemos solucionar los problemas de muchas personas como María Jesús.

jueves, 7 de agosto de 2014

Como aprovechar mejor la energía

¿De dónde viene la energía y cuál es más limpia?

La mayoría de formas de energía que conocemos provienen de una misma fuente: el Sol.

El Sol es como una inmensa caldera que nos envía un flujo continuo de energía que hace posible la vida tal como la conocemos. Su potencia nos achicharraría si no fuera por la distancia a la que nos encontramos de él y por ciertos fenómenos de la sabia naturaleza. La rotación de la Tierra, que da lugar a los días y las noches, hace posible que la energía del sol se reparta cada 24 horas por toda su superficie, en vez de concentrarse en un solo lugar. Esta energía que viene directamente del sol puede ser captada por paneles solares, ya sea para calentar agua, o para producir electricidad en los de tipo fotovoltaico. Los movimientos convectivos del aire distribuyen por las distintas capas de la atmósfera el calor de la superficie de la tierra, evitando que se sobrecaliente en exceso con los rayos del sol. Estos movimientos del aire nos dan otra oportunidad de aprovechar la energía del sol mediante aerogeneradores. Estas son las denominadas fuentes de energía renovables, porque aprovechándolas consumimos la energía al mismo ritmo que el Sol nos la proporciona.

Podemos ver las hojas de las plantas como captadores naturales de energía solar, que transforman la materia inorgánica en orgánica, hacen crecer los árboles y acumulan dicha energía en forma de leña. Cuando quemamos madera, estamos consumiendo energía del sol que fue almacenada por los árboles durante años. Esta misma materia orgánica, acumulada durante siglos o milenios en las fosas marinas, luego encerrada y sometida a presión bajo tierra, es la que da lugar al carbón mineral y al petróleo; de modo que quemar gasolina significa consumir energía del sol que costó milenios almacenar. Nos referimos a estas como fuentes de energía no renovables, porque actualmente los humanos consumimos energía a un ritmo mayor del que nos manda el Sol y estamos gastando reservas almacenadas durante épocas anteriores.


Se supone que los habitantes de la isla de Pascua se extinguieron cuando acabaron con los árboles de su territorio. De modo que, cuando agotemos las reservas del planeta, la energía de que dispondremos volverá a estar limitada por el flujo que nos mande el sol; salvo que recurramos a la energía nuclear. Muchos, consideramos que las centrales nucleares son peligrosas y, en vez de tenerlas funcionando tan cerca de nosotros, preferiríamos ahorrar energía, para que nos bastara con la gratuita y segura que sigue viniendo del sol.


Algunos apuntan al coche eléctrico como la panacea del transporte, pero veremos que no lo es. Es cierto que el coche eléctrico puede resolver problemas puntuales de contaminación del aire de las ciudades, que es provocada en buena parte por los gases de combustión de hidrocarburos en los motores de los coches. Es por eso que el metro usa electricidad para moverse, porque de otro modo el aire de los túneles sería irrespirable. Pero ni el metro ni el coche eléctrico suponen una solución para el problema global de la energía.
La energía que consume un coche eléctrico tiene que ser producida en algún otro sitio, después ha de ser transportada hasta el lugar de consumo y posteriormente almacenada en una batería, hasta el momento de su utilización, cuando ha de ser nuevamente transformada en energía mecánica. Todos sabemos que cada vez que transformamos, transportamos o almacenamos energía, el rendimiento no es del 100% y hay una parte de ella que se pierde en forma de calor, que es la forma de energía residual e inaprovechable. De modo que, aunque conduzcamos un coche eléctrico, puede que estemos consumiendo y contaminando igual o más, sin saberlo, porque probablemente se estará quemando aún más petróleo en algún otro lugar.



Actualmente, el 60% del petróleo que se consume lo estamos gastando en transporte, y este es uno de los campos en los que podríamos ahorrar más energía, si aprovecháramos mejor las capacidades vacantes de nuestros vehículos; llenando las plazas libres que lleva cada coche que circula sólo con su conductor.
La gran verdad es que la única energía limpia es la que no se consume, y debiéramos hacer todo lo posible para no consumir más energía de la necesaria, desplazándonos del modo más eficiente posible y sin despilfarrar este bien escaso.